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Mostrando entradas de marzo, 2013

Madre nuestra, que estás en los cielos

La observé todo el tiempo y en sus ojos vi esperanza. Así, fundía su mirada con la única hebra de luz que traspasa una recia persiana; así, se agarraba a ella con fuerza, como un náufrago lo hace a su tablón de madera. Trataba de llenar el vacío bailando en aquella fiesta de las costumbres que solo se reviven cuando alguien muere. Suplicaba paz para su soledad. Buscaba aliento en el fuego de aquellas velas. Hacía un paréntesis a la realidad. Quizás así le sienta cerca. Quizás así encuentre un sentido. Así, se aferraba a las palabras que un día alguien puso en la boca de un hombre que se hace llamar padre, y yo, que soy la madre de la estupidez, me limité a mirar. Y miré. La observé todo el tiempo. En sus ojos había dolor trenzado con esperanza.