La observé todo el tiempo y en sus ojos vi esperanza. Así, fundía su mirada con la única hebra de luz que traspasa una recia persiana; así, se agarraba a ella con fuerza, como un náufrago lo hace a su tablón de madera. Trataba de llenar el vacío bailando en aquella fiesta de las costumbres que solo se reviven cuando alguien muere. Suplicaba paz para su soledad. Buscaba aliento en el fuego de aquellas velas. Hacía un paréntesis a la realidad. Quizás así le sienta cerca. Quizás así encuentre un sentido. Así, se aferraba a las palabras que un día alguien puso en la boca de un hombre que se hace llamar padre, y yo, que soy la madre de la estupidez, me limité a mirar. Y miré. La observé todo el tiempo. En sus ojos había dolor trenzado con esperanza.
¿Alguna vez os habéis parado a pensar en las palabras? Yo me he rebanado los sesos muchísimas horas de mi aún corta existencia y no he logrado encontrar sentido. Unos trazos que dan lugar a letras que crean palabras. Unas figuras que todo el mundo puede leer, que cualquier persona puede pronunciar y evocan significados. Pero, ¿son esos significados iguales para todos? Una persona pragmática diría que sí. Yo tengo mis dudas y, aunque todavía no he encontrado respuesta a mi pregunta, no deja de asombrarme la poca responsabilidad a la hora de usarlas, a pesar del gran poder que pueden tener. ¿Nunca habéis conocido a nadie que llama "amigo" a alguien que conoció hace un día? ¿Nunca habéis oído a alguien atribuir el título de "amor de su vida" a un prácticamente extraño? ¿Nunca habéis escuchado un "te quiero" en la voz de una persona cuyos actos afirman a gritos lo contrario? Creo que indudablemente las palabras guardan un gran poder teórico, pero se convier...
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