A veces me sorprendo a mí misma con la voz encogida en un suspiro. Tantas veces he querido regresar a ese momento en el que el sol parecía caerse del cielo. De frente, mirando a esos ojos que no esconden nada, con el reflejo de todo lo que no se puede decir en voz alta en ellos. Como una caricia con olor a todo lo que me gusta y la certeza de que nunca más volvería a tenerlo. ¡Qué miedo! Cómo asusta dar la espalda a aquello que solo existe si lo miras.
Y ahora solo podrás verlo si cierras los ojos.
Siempre vivirá en ellos.
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