Llevo tiempo sin escribir y hoy me he preguntado por qué. ¿Por qué dejamos de dedicar tiempo a las cosas que nos gustan? ¿Por qué dejamos que el día a día se convierta en un huracán de preocupaciones y de vivir deprisa?
Estos últimos (y locos) años me han hecho darme cuenta de lo verdaderamente importante. Y sí, me lleno de orgullo al decir que disfruto de un café calentito en una mañana fría, y que mi corazón explota de amor ante el sonido de un ronroneo. Que cada vez me da más igual la opinión de la gente que no me conoce y que me siento afortunada por cada sonrisa sincera, ver el sol en la mañana, un paseíto frente al mar, por todas las pequeñas cosas que hacen de la vida algo grande.
Sin embargo, cada semana, hay momentos de querer salir corriendo. Y, sin embargo, a menudo hay días que tienen ese instante de agobio y miedo. Y, sin embargo, de vez en cuando, hay un ratito en el que me siento muy pequeña en un mundo muy grande.
Supongo que 28 años no dan para tanto, pero seguimos aprendiendo.
Comentarios