Ir al contenido principal

Historias inacabadas I

Cuando no queda nada que decir es cuando nos dignamos a buscar cualquier cosa que soltar para no soportar ese silencio absurdo, sólido y cínico que nos martillea los oídos. Justo en ese momento rebuscamos en nuestra mente, en nuestros pensamientos y en nuestra memoria. Queremos una salida de emergencia, no pedimos mucho, una simple anécdota que nos hizo reír hasta llorar y a los que estaban a nuestro alrededor también. Nos conformaríamos con una conversación banal en un ascensor sobre el tiempo, incluso con alguna de esas frases comodín que, al menos, nos hacen ganar un poco de ventaja para pensar.

Si tuviéramos más tiempo, seguramente nos desgarraría la necesidad de meter la mano hasta el final del cajón y arrancar del fondo un momento especial, de esos que brillan por sí solos y que aunque ahora no sirvan de mucho... nos proporcionarían paz. Podríamos hacer como que no estamos presentes en el momento físico, pensando en algo importante, sin necesidad de disimular.

Buscamos, buscamos y buscamos tanto que al final no encontramos nada. Nada. Y nos damos cuenta de que es eso lo que tenemos que decir.

-¿Hola?¿Oiga, hay alguien ahí?

Colgué el teléfono. Después me encogí bien en mi chaqueta, me agarré la bufanda y salí de aquella cabina. A pesar del relente y de las gotas de lluvia que colisionaban contra la piel de mi cara, no sentía más frío del que había sentido allí dentro. En la vida real era principios de noviembre, pero su voz siempre lograba transportarme al más frío enero, a una tormenta de nieve tan fuerte que es capaz de cubrir mi corazón de escarcha antes que mis pestañas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
piensas luego existes....bonito blog y profundos pensamientos...besos

Entradas populares de este blog

Tan solo palabras

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en las palabras?  Yo me he rebanado los sesos muchísimas horas de mi aún corta existencia y no he logrado encontrar sentido. Unos trazos que dan lugar a letras que crean palabras. Unas figuras que todo el mundo puede leer, que cualquier persona puede pronunciar y evocan significados. Pero, ¿son esos significados iguales para todos?  Una persona pragmática diría que sí. Yo tengo mis dudas y, aunque todavía no he encontrado respuesta a mi pregunta, no deja de asombrarme la poca responsabilidad a la hora de usarlas, a pesar del gran poder que pueden tener. ¿Nunca habéis conocido a nadie que llama "amigo" a alguien que conoció hace un día? ¿Nunca habéis oído a alguien atribuir el título de "amor de su vida" a un prácticamente extraño? ¿Nunca habéis escuchado un "te quiero" en la voz de una persona cuyos actos afirman a gritos lo contrario?  Creo que indudablemente las palabras guardan un gran poder teórico, pero se convier...

Desafortunadamente

Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa acostarse.  Y que una compañía no significa seguridad. Y uno empieza a aprender q ue los besos no son contratos y los regalos no son promesas; y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes...  y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.   Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale.  Y uno aprende y aprende... y así cada día.  Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amart...

La vida y sus caprichos

Ya sabes que no creo en el destino y que tampoco creo en los dioses. Da miedo pensar que hay cierto porcentaje de tu vida que reside en la casualidad, que escapa de tu control. Y, sin embargo, yo lo creo fielmente. Creo que es casualidad, una terrible, morir como Esquilo; o  que encuentres el último par de pantalones que tanto te gusta en rebajas y que justamente sea de tu talla.  Sí, lo sé, da miedo no tener todo bajo control. A mí más que a nadie, la casualidad me aterra. La casualidad es caprichosa e incluso peligrosa. Pero la casualidad también es bonita, porque es la que me llevó a conocerte. Y la verdad es que no me importa cómo llegaste a mi vida, solo que decidiste quedarte .