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Anatomía de un recuerdo

A veces me sorprendo a mí misma con la voz encogida en un suspiro. Tantas veces he querido regresar a ese momento en el que el sol parecía caerse del cielo. De frente, mirando a esos ojos que no esconden nada, con el reflejo de todo lo que no se puede decir en voz alta en ellos. Como una caricia con olor a todo lo que me gusta y la certeza de que nunca más volvería a tenerlo. ¡Qué miedo! Cómo asusta dar la espalda a aquello que solo existe si lo miras. Y ahora solo podrás verlo si cierras los ojos. Siempre vivirá en ellos .

Madre nuestra, que estás en los cielos

La observé todo el tiempo y en sus ojos vi esperanza. Así, fundía su mirada con la única hebra de luz que traspasa una recia persiana; así, se agarraba a ella con fuerza, como un náufrago lo hace a su tablón de madera. Trataba de llenar el vacío bailando en aquella fiesta de las costumbres que solo se reviven cuando alguien muere. Suplicaba paz para su soledad. Buscaba aliento en el fuego de aquellas velas. Hacía un paréntesis a la realidad. Quizás así le sienta cerca. Quizás así encuentre un sentido. Así, se aferraba a las palabras que un día alguien puso en la boca de un hombre que se hace llamar padre, y yo, que soy la madre de la estupidez, me limité a mirar. Y miré. La observé todo el tiempo. En sus ojos había dolor trenzado con esperanza. 

Desafortunadamente

Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa acostarse.  Y que una compañía no significa seguridad. Y uno empieza a aprender q ue los besos no son contratos y los regalos no son promesas; y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes...  y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.   Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale.  Y uno aprende y aprende... y así cada día.  Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amart...

Historias inacabadas I

Cuando no queda nada que decir es cuando nos dignamos a buscar cualquier cosa que soltar para no soportar ese silencio absurdo, sólido y cínico que nos martillea los oídos. Justo en ese momento rebuscamos en nuestra mente, en nuestros pensamientos y en nuestra memoria. Queremos una salida de emergencia, no pedimos mucho, una simple anécdota que nos hizo reír hasta llorar y a los que estaban a nuestro alrededor también. Nos conformaríamos con una conversación banal en un ascensor sobre el tiempo, incluso con alguna de esas frases comodín que, al menos, nos hacen ganar un poco de ventaja para pensar. Si tuviéramos más tiempo, seguramente nos desgarraría la necesidad de meter la mano hasta el final del cajón y arrancar del fondo un momento especial, de esos que brillan por sí solos y que aunque ahora no sirvan de mucho... nos proporcionarían paz. Podríamos hacer como que no estamos presentes en el momento físico, pensando en algo importante,  sin necesidad de disimular. ...

Siete almas

La primera vez que vi una avispa de mar tenía nueve años, mi madre nos llevó a mi hermano y a mi al aquarium. Se me quedó grabado cuando dijo que era la criatura más mortífera de la Tierra. A mi me pareció lo más bello que había visto jamás.