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Tan solo palabras

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en las palabras?  Yo me he rebanado los sesos muchísimas horas de mi aún corta existencia y no he logrado encontrar sentido. Unos trazos que dan lugar a letras que crean palabras. Unas figuras que todo el mundo puede leer, que cualquier persona puede pronunciar y evocan significados. Pero, ¿son esos significados iguales para todos?  Una persona pragmática diría que sí. Yo tengo mis dudas y, aunque todavía no he encontrado respuesta a mi pregunta, no deja de asombrarme la poca responsabilidad a la hora de usarlas, a pesar del gran poder que pueden tener. ¿Nunca habéis conocido a nadie que llama "amigo" a alguien que conoció hace un día? ¿Nunca habéis oído a alguien atribuir el título de "amor de su vida" a un prácticamente extraño? ¿Nunca habéis escuchado un "te quiero" en la voz de una persona cuyos actos afirman a gritos lo contrario?  Creo que indudablemente las palabras guardan un gran poder teórico, pero se convier...
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Becaria de la vida

Llevo tiempo sin escribir y hoy me he preguntado por qué. ¿Por qué dejamos de dedicar tiempo a las cosas que nos gustan? ¿Por qué dejamos que el día a día se convierta en un huracán de preocupaciones y de vivir deprisa? Estos últimos (y locos) años me han hecho darme cuenta de lo verdaderamente importante. Y sí, me lleno de orgullo al decir que disfruto de un café calentito en una mañana fría, y que mi corazón explota de amor ante el sonido de un ronroneo. Que cada vez me da más igual la opinión de la gente que no me conoce y que me siento afortunada por cada sonrisa sincera, ver el sol en la mañana, un paseíto frente al mar, por todas las pequeñas cosas que hacen de la vida algo grande.  Sin embargo, cada semana, hay momentos de querer salir corriendo. Y, sin embargo, a menudo hay días que tienen ese instante de agobio y miedo. Y, sin embargo, de vez en cuando, hay un ratito en el que me siento muy pequeña en un mundo muy grande. Supongo que 28 años no dan para tanto, pero seguim...

Adiós: tan solo una palabra

En menos de un mes he tenido que decir adiós varias veces y esto me ha recordado que los planes no sirven de mucho. La única certeza que tenemos es hoy y hoy debemos sentirnos agradecidos por los momentos que hemos vivido, todo lo bueno y malo que nos ha pasado, y que, a fin de cuentas, nos ha convertido en quiénes somos.  En ocasiones, decir adiós significa despedirse de recuerdos llenos de significado, de risas y de una existencia plena; en otras, dar la espalda a una vida repleta de sufrimiento y miedo. Lo que está claro es que cuando llega el momento, cuando llegamos al final del camino, solo nos queda aceptarlo con serenidad, con la frente alta y con los ojos abiertos. Porque siempre quedará todo aquello que hemos dejado, nuestras huellas en los lugares que hemos visitado, los sentimientos que hemos creado en las personas que nos rodean y las experiencias que hemos vivido. Irremediablemente, un trocito de nosotros ya pertenece a este mundo para siempre. Y como dice aquella fa...

La vida y sus caprichos

Ya sabes que no creo en el destino y que tampoco creo en los dioses. Da miedo pensar que hay cierto porcentaje de tu vida que reside en la casualidad, que escapa de tu control. Y, sin embargo, yo lo creo fielmente. Creo que es casualidad, una terrible, morir como Esquilo; o  que encuentres el último par de pantalones que tanto te gusta en rebajas y que justamente sea de tu talla.  Sí, lo sé, da miedo no tener todo bajo control. A mí más que a nadie, la casualidad me aterra. La casualidad es caprichosa e incluso peligrosa. Pero la casualidad también es bonita, porque es la que me llevó a conocerte. Y la verdad es que no me importa cómo llegaste a mi vida, solo que decidiste quedarte . 

Anatomía de un recuerdo

A veces me sorprendo a mí misma con la voz encogida en un suspiro. Tantas veces he querido regresar a ese momento en el que el sol parecía caerse del cielo. De frente, mirando a esos ojos que no esconden nada, con el reflejo de todo lo que no se puede decir en voz alta en ellos. Como una caricia con olor a todo lo que me gusta y la certeza de que nunca más volvería a tenerlo. ¡Qué miedo! Cómo asusta dar la espalda a aquello que solo existe si lo miras. Y ahora solo podrás verlo si cierras los ojos. Siempre vivirá en ellos .

Madre nuestra, que estás en los cielos

La observé todo el tiempo y en sus ojos vi esperanza. Así, fundía su mirada con la única hebra de luz que traspasa una recia persiana; así, se agarraba a ella con fuerza, como un náufrago lo hace a su tablón de madera. Trataba de llenar el vacío bailando en aquella fiesta de las costumbres que solo se reviven cuando alguien muere. Suplicaba paz para su soledad. Buscaba aliento en el fuego de aquellas velas. Hacía un paréntesis a la realidad. Quizás así le sienta cerca. Quizás así encuentre un sentido. Así, se aferraba a las palabras que un día alguien puso en la boca de un hombre que se hace llamar padre, y yo, que soy la madre de la estupidez, me limité a mirar. Y miré. La observé todo el tiempo. En sus ojos había dolor trenzado con esperanza.